En el polo nadie juega solo. Cuatro jugadores que, al entrar a la cancha, aprenden a pensar como uno. De ahí nace nuestra equipación junto a Dos Lunas: una forma de unir los códigos del polo con la identidad de IQ.
Muchas veces todo empieza en familia. Una tarde en el campo, alguien que te lleva de la mano y una pasión que, sin darte cuenta, acaba siendo también tuya.
Pasan los años, cambian quienes juegan, y aquello que un día aprendiste mirando termina pasando de una generación a otra.

